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El efecto lumínico es acariciante. La luz pareciera deslizarse, suavemente, creando texturas satinadas y produciendo sugerentes tonos rosáceos, cuyos claroscuros resultan ligeramente eróticos.
En esta composición inquietante, donde ramas y sombras se antojan confundidas sumergidas ambas en un ambiente más acuoso que etéreo - la luz ambarina, achampañada, con dos puntos focales albos y dominantes, contribuye a la sensación de ambigüedad.
La contemplación de este tríptico nos invita a ingresar a un universo feérico, a un reino de seres translúcidos con cabelleras de platino, labios de esmeralda y antifaces lumínicos, que lo mismo descansan sobre el musgo verde y frío que se deleitan dentro de una indescifrable materia ígnea. Tal es el poder sugestivo transformante y formativo de la luz.
María Elena Grajales
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